lunes, 10 de febrero de 2014

Aposento

Marc Chagall

Cómo me voy de ti, de tus manos deslumbrantes, de tu abrazo verdadero. Miras al horizonte y construyes un camino para mis descuidos. ¡Es por ahí! Un aroma a café, un olor a libro, una cascada de chocolate. Recurro a tus silencios como a la sombra de un árbol. Yo hablo mis sueños y tú los dibujas con la precisión que nunca tuve. Sonrío por tu culpa, con todos mis dientes. Nuestro nido tiene cuatro pies, aunque yo siempre ande volando. Te he dicho que me eleves como papagayo, y sueltas la cuerda sin miedo. Te grito desde arriba las cosas que todavía no son. Premonición. Es bonito el mundo que veo a través de tus ojos. Me vistes de palabras y elucubraciones. Aposento de mis locuras recurrentes. He postergado el tiempo y me llevé mis regaños, pero insistí en encontrarte y aquí estoy, ofreciéndote mi corazón al descaro, el asombro ante cada nuevo sol, el perenne equilibrio de la justa balanza, otros ojos para descubrir otros universos, y la imaginación que conservo desde niña en una pequeña caja de cartón.