martes, 18 de junio de 2013

Externo

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La noche exige el reposo. El ruido debería ser ilegal. Hay un leve e impreciso límite, en el que, el sonido, ya no es música. Siniestros gritos pueblan la oscuridad desde veteranas gargantas de hombres-lobos, que parecieran padecer igual hambre que el pueblo, hombre-común. Sirenas pululan, no en el mar encantado, sino en callejones desolados donde, lloronas desalmadas, vagan clamando, quizás, por una nueva ley de adopción. Sobrevuelan ideas que se quedan atascadas en la malla de la ventana, como mosquitos. Y yo pensando en un agujero negro, que se devore la hostilidad. Doy vueltas buscándome la cola, en un ejercicio inútil de concentración, para expandir la paz del silencio, y me consumo, irremediablemente, como varita de incienso.  Queda tapizado el olor del cansancio, en las sordas paredes del cuadrado cuarto. Y la imaginación, derretida en mi piel, para otra ocasión. La lucha contra lo externo viene en ritmo de rock & roll.

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