miércoles, 29 de mayo de 2013

Orilla

Imagen: Cuadro de Hippolyte Flandrin
Me pesa el tiempo en la espalda. El café sirvió, pero siempre necesito más. Una joroba  no se puede maquillar, aunque, en vez de tiempo, podría guardar ahí café. Y dar el siguiente paso, que no me lleva a ningún lado visible. Los demás entonces me verán alejarme, hundirme dentro de mí, para acercarme cada vez más al corazón. Puedo ser una ermitaña. Lo soy. Lo sé. Puedo también regresar a los caminos polvorientos que tapizaron fracasos ineludibles, quedarme un rato mirando la pesadilla, y saber que fui yo, enemigo y perdedor. Un encuentro con la tristeza del pasado, requiere un poco de valentía y no tanto cansancio. Sin embargo, de esas tristezas, mías y de nadie más, una orilla me rescata siempre. Así que voy y vengo, mientras no me olvide de respirar.

martes, 14 de mayo de 2013

Encuentro lúdico

Imagen: Roy Lichtenstein

Obligada, empiezo a mover mis dedos como si estuvieran diciendo letanías. Consiento de inmediato, el roce imperceptible. Así como una no puede decirle a la brisa que no, por mucho tiempo. Paso y repaso palabras en mi mente. Voy formando oraciones dignas, como todo lo creado. Que sean pequeñas no las hace menos. Las quiero, para llevar y compartir. Un servicio exprés, para merendar. Un encuentro íntimo y lúdico no requiere traje formal. Galletas chinas de la suerte, salen disparadas de mi mente. Voy, cual Hansel, dejando un camino de palabras. Pero te necesito a ti, cual verbo, para que ejecutes la acción y modifiques tiempo y sujeto, de modo que creemos el presente. Por ejemplo, si el papelito en la galleta dice: “Alguien te besará ardientemente en los labios”. Como no vas a poder decir, yo te beso, o te estoy besando, tendrás que hacerlo, y yo sabré que el tiempo es hoy, que eres tú, y sentiré ardientemente cómo me estás besando. 

martes, 7 de mayo de 2013

Lunes

Fotografía: Bettmann
Para empezar, aquí vamos otra vez. Perenne inicio, cargado de optimismo desbordante. No hay manera de eludir al tiempo, sin riesgos a la salud. ¿Desde cuándo un lunes es optimista? Inventos de nueva era para salvar a la Humanidad. Pero entiendo que algo ha de servirnos de inspiración. Así que asumo la ironía, sin daños a terceros, y espero que el tiempo no me venga a reclamar. La ironía es una daga que debemos lijar en nosotros mismos; seppuku glorioso, que la sangre no se derrame en los demás. A fin de cuentas, la rabia es de uno. Y luego el hastío se vuelve violento, como enfermedad crónica. Pero, ¡qué culpa tiene el lunes que no hayas sido un eminente doctor y que no sepas usar, ni siquiera en la cama, la imaginación! Que no entiendas las sutiles tramas del mercadeo y la publicidad; ni pegues una en cuestión de negocios y finanzas. Y, de paso, tu religión no la sepas afrontar. (Que, por cierto, grava también los pecados de omisión.) Pero, ¡qué culpa tienen los demás! Sé que debemos empezar, para expulsar, cada vez que sea posible, los miedos de la preñez de vivir. Intentemos que la vida sea una cópula consentida, aunque a mí los lunes me sigan arrechando.